Existen dos tipos de eutanasia, la primera es cuando el enfermo expresa su decisión de morir y en segunda cuando los familiares o médicos deciden que es lo mejor para el paciente según su calidad de vida. La llamada cultura de la muerte se caracteriza por lo siguiente:
a) La costumbre de disponer según el propio criterio de la vida humana.
b) La tendencia a estimar la vida personal sólo en la medida en que aporte placer como bienes supremos.
c) Considerar el sufrimiento como mal absoluto, tratando de evitarlo a toda costa.
d) La concepción de la muerte como final absurdo de una vida que todavía proporciona goces o como liberación de una vida considerada a “carente de sentido” porque está destinada a continuar con el dolor.
La historia de la humanidad rechaza toda forma de servidumbre, los adelantos técnicos nos permiten reducir esfuerzos, liberarnos de costumbres, de sistemas políticos, de ideologías, la persona es un sujeto de derecho que puede controlar su propio destino, respetando el derecho del otro a disfrutar de las mismas libertades.
El principio fundamental que busca la legalización de la eutanasia es el de tener piedad para los que viven intensos dolores y se encuentran en circunstancias penosas. Algunas razones por las cuales la sociedad apoya la eutanasia activa, se cubren practicando la ortotanasia que se entiende como el derecho a morir dignamente sin emplear métodos extraordinarios para mantener la vida, en este sentido se procura emplear todos los tratamientos que eviten el sufrimiento hasta que la muerte llegue. Esta opción a diferencia de la eutanasia, no pretende adelantar la muerte de un paciente y es el más aceptado por la mayoría de las religiones.
Expertos en la materia aseguran que un paciente con enfermedad terminal cuando pide eutanasia realmente está pidiendo afecto y asistencia. La vida actual ha provocado que las familias no puedan hacerse cargo total de sus enfermos, así que existen lugares de “cuidados paliativos”, donde se acompaña al enfermo y se le prepara para la muerte, está comprobado que en esos lugares disminuye el número de pacientes que piden eutanasia.
Se piensa que al despenalizar la eutanasia activa, existirá una gran presión moral sobre los ancianos, discapacitados o incapacitados, para pedir que se termine con su vida tal vez sin que sea su voluntad. Nadie debe de ser inducido a pensar que es menos digno y valioso que los demás.
La Iglesia católica por su parte opina que al aceptar la eutanasia activa, estamos admitiendo que la vida humana tiene un valor relativo, no vale por el mero hecho de ser persona sino a condición de que posea ciertas cualidades, en este caso la salud.
Holanda ha despenalizado la eutanasia voluntaria, lo cual ha traído como consecuencia el aumento de eutanasias involuntarias y ahora la justicia de este país ha permitido inducir la muerte a los niños menores de 12 años e incluso a recién nacidos para evitar “sufrimientos insoportables”.
Este tema es muy controversial ya que hablamos de la vida. Ninguna vida es más importante que otra y los humanos no deberíamos pasar por ningún control de calidad.
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